El talento y la entrega de los actores, colocados en el rol preciso, logran ese mundo maravilloso y mágico que perciben los infantes sobre la escena. Concatenar las ideas de ese trabajo colectivo y colocar en justa medida cada detalle, es tarea que corresponde al director quien pone todo su amor para el éxito final de la presentación.
Un verdadero arcoíris de colores, música y mucha fantasía tiene lugar en todos sus espectáculos. Rostros de niños emocionados y de padres que regresan a su infancia es el producto final de cada puesta.
El mayor premio para estos artistas son los interminables aplausos como lluvias de cariños que reciben de su público infantil. Así, disfrutando, hacen verbo siempre el Martiano pensamiento de: “Para los niños trabajamos, porque son los niños los que saben querer. Los niños son la esperanza del mundo”.